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jueves, 2 de febrero de 2017

Visitando al dentista

Una de las cosas que realmente me acobarda en la vida es sentarme en el sillón del dentista. Razones hay muchas, todas ellas asociadas a experiencias desagradables, en tiempos de la niñez y adolescencia, cuando la anestesia solo era utilizada en casos muy necesarios; en los otros, había que aguantar y soportar un poco el dolor. "Avíseme si duele" decía el profesional como para tranquilizar al paciente. Y claro que avisábamos; arrugando los ojos, quejándonos o dando pequeños saltos en el sillón. Doloroso, ¿verdad? Afortunadamente después todo cambió. Uno, dos o tres pinchazos de anestesia y adiós al dolor. Debo confesar sin embargo que hoy igual el asunto me preocupa, me atemoriza sentir dolor en alguna zona a la cual la anestesia quizás no llegó; transpiro y me aferro al sillón .. como si eso me sirviera de algo. En estas últimas visitas, lo nuevo es que me he podido relajar un poco más gracias a que el dentista que elegí tiene por costumbre calmar a sus pacientes con música clásica y bellas melodías de relajación. Gracias a Dios!!!
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Uyyyyy!! Muy doloroso!

LPizarro dijo...

Afortunadamente nunca tuve esa experiencia.
Igual es molesto.